Y entonces, ¿qué ha visto?, me preguntó Emmi Pikler al final de mi primera visita, con una risa que me alentaba a hablar…
Una de las cosas que vi fue un niño de aproximadamente año y medio que levantaba un juguete grande y redondo a fuera en la terraza. Cuando lo dejaba caer, tocaba el suelo ligeramente de canto y, poco a poco, iba haciendo círculos cada vez más pequeños y planos hasta quedarse quieto. ¡Qué fascinado seguía el niño el movimiento hasta el final! Entonces levantó el juguete y lo dejó caer otra vez. Ocho veces lo repitió y lo miraba fascinado. Cuando levantó la mirada y se cruzó con la mía, estaba radiante. Después se quedó quieto un buen rato con el dedo pulgar en la boca.
“Sí, sí” hizo Emmi Pikler con la cabeza, “Eso lo ha hecho meditar”
Ute Strub – Berlín, en su visita al Instituto Emmi Pikler de Budapest